Stories / octubre 2026

«Siento como si fuera la primera vez, pero también la última que lo viviré de esta manera.»
Emelie Forsberg
Emelie, has estado fuera casi un año. ¿Qué se siente al volver a competir?
Emelie: Tengo muchísima motivación y muchas ganas de volver a competir y ver de qué sigo siendo capaz. Siento que me queda un último capítulo como deportista, tal vez unos tres veranos más, así que he decidido darme una oportunidad de verdad.
¿Ha cambiado eso la forma en que vives ahora las carreras?
Sin duda. Llevo compitiendo muchísimo tiempo, pero ahora que le he puesto una fecha límite, lo vivo todo de otra manera.
Hasta cuando recojo el dorsal o me toca hacer una cola larga, pienso: «Uf, qué privilegio poder hacer esto». Sé cuánto trabajo ponen las personas que organizan una carrera y quiero estar ahí, escuchar e ir a apoyarles. El briefing, la entrega de premios, todo.
Puede que antes lo diera más por sentado.
Durante el tiempo que estuviste fuera, ¿qué es lo que más echaste de menos de competir?
No diría necesariamente que fuera competir en sí.
A lo largo de mis tres embarazos, vi cómo el deporte crecía muchísimo y el nivel subía cada vez más. Eso me hizo sentir mucha curiosidad: ¿puedo volver a alcanzar otro nivel? ¿Sigo llevándolo dentro? ¿Puedo seguir evolucionando como deportista?
Creo que lo principal es la curiosidad por mi propia fisiología, y competir se convierte en la forma de ver dónde estoy.

«¿Sigo llevándolo dentro? ¿Puedo seguir evolucionando como deportista?»
Emelie Forsberg
Has decidido volver a las ultras más largas después de casi una década. ¿Por qué?
Es lo que más me gusta hacer: 60, 80, 100 kilómetros. No he tenido muchas horas para entrenar durante estos últimos años entre los embarazos, la lactancia y los niños pequeños en casa, así que sé que va a ser duro.
Pero la etapa en la que tienes el estado físico para rendir como deportista dura poco. Así que decidí: vale, ha llegado el momento de volver a lo que de verdad me apasiona.
¿Qué tienen las ultras que te gusta tanto?
Me fascina lo que es capaz de hacer el cuerpo. Puedes subir una montaña, bajar por el otro lado, rodear otra, recorrer muchísima distancia y descubrir lugares increíbles.
Cuando empecé a correr, esa era una parte importantísima de la atracción. Correr me daba esa sensación de libertad y exploración, no solo en lo físico, sino también por los sitios a los que podía llegar.
Y me sigue fascinando que podamos movernos tan rápido por este tipo de terrenos durante tantas horas.
¿La maternidad ha limitado esa sensación de libertad?
La verdad es que no lo veo así.
Cuando decidimos tener hijos, sabíamos que nos cambiaría la vida. Sabía que durante unos años eso significaría planificar más, reducir los entrenamientos y necesitar más recuperación.
Pero la libertad es una palabra muy grande. Ya somos muy libres por el hecho de dedicarnos al deporte: en cómo vivimos y en dónde vivimos. Así que no, no siento que la maternidad me haya quitado eso.
¿Y te ha enseñado algo que apliques ahora al entrenamiento?
La lección más grande es que no hace falta seguir un plan a rajatabla. Hay que saber adaptarse. Quizá no puedes hacer lo que tenías previsto, así que haces otra cosa. A veces sale igual de bien, a veces incluso mejor, y a veces no tanto, pero no pasa nada.
Creo que aprender a no agobiarme cuando hay que cambiar los planes me ha venido de maravilla a nivel mental.
¿Cómo se traduce esa adaptabilidad a la vida diaria?
A veces no duermes. A veces uno de las niñas está enferma, o el bebé te necesita todo el día, o simplemente sientes que necesita pasar más tiempo contigo.
Tienes que ser capaz de decir: «Vale, no voy a salir a entrenar dentro de una hora».
Creo que, cuando tienes hijos, a veces tienes que ponerte en segundo lugar. Mis hijas siempre serán lo primero, sobre todo durante estos años más intensos en los que son pequeños.
¿Ha cambiado tu cuerpo después de tres embarazos?
Sinceramente, creo que no. Cuando corro, me sigo sintiendo yo misma.
La complicación principal ha sido el pie. Cuando competí en Mallorca el año pasado, en mi primera carrera internacional tras el tercer embarazo, todavía estaba dando el pecho. Creo que la relaxina y tener los ligamentos más laxos pudieron ser una de las razones por las que me torcí el tobillo, y aún sigo teniendo arrastrando molestias de aquello.
Pero, por lo demás, al correr me siento completamente yo misma.

«Ya somos muy libres por el hecho de dedicarnos al deporte: en cómo vivimos y en dónde vivimos. Así que no, no siento que la maternidad me haya quitado eso.»
Emelie Forsberg
¿Dónde sientes que tienes más trabajo por hacer ahora?
Sinceramente, en todas partes.
Siento que sigo estando un nivel por debajo de mi mejor versión, y ni siquiera sé si mi mejor versión de antes está al nivel donde están las mejores de este deporte ahora mismo.
Tengo que trabajar las bajadas, las subidas, el llano, la fuerza… toda la base.
Pero me ilusiona mucho. Me encanta hacer el trabajo.
¿Y qué sigue estando ahí?
Mi nivel cardiovascular sigue siendo bastante bueno. Mis tiempos en subida están más o menos donde solían estar. Lo que más he perdido es la velocidad y la carrera en bajada. Pero creo que esas cosas volverán más rápido porque tengo todos estos años a mis espaldas.
¿Te lo ha confirmado esta temporada?
Sí. A principios de año, la verdad es que no sabía cómo iría.
A cuatro semanas de Transvulcania, todavía no estaba segura de si podría salir. Solo llevaba unas tres semanas corriendo antes, así que estar allí y pensar que podía afrontar una carrera de ocho horas ya fue algo muy especial.
Me demostró que mi nivel más alto seguía siendo bastante alto. Me sentí orgullosa de poder estar a la altura de mis propias expectativas.
¿Qué aprendiste en Monte Rosa?
Me hacía ilusión probar otra ultra, más cercana a las doce horas, y Monte Rosa me motivaba mucho.
Pero después de unos 3500 metros de bajada, los cuádriceps se me bloquearon por completo. Cada paso dolía y todavía me quedaban otros 3000 metros de descenso.
Pensaba que había entrenado lo suficiente las bajadas. Se ve que no.
Pero seguiste adelante.
Sí. No era una lesión, simplemente dolía mucho. Así que seguí moviéndome.
Luego vino KIMA, donde tuviste que parar. ¿Sientes que tuviste un mal día?
No diría que fue un mal día.
Sabía que KIMA era muy técnica y que existía el riesgo de que el pie me diera problemas. Al principio me sentí muy bien, pero me lo volví a torcer y no quería arriesgarme a estar fuera otros seis meses, así que caminé hasta la carretera y paré.
Pero aun así disfruté de estar ahí fuera. Me motivó a volver a correr en terrenos más técnicos, y fue un buen recordatorio para trabajar en mis puntos débiles: más fuerza en los pies, más fisio.
¿Qué te ha enseñado esta temporada?
Quizá a confiar un poco más en mí misma.
Aunque no haya competido tanto en los últimos años, sigo teniendo mucha experiencia a mis espaldas. Creo que tengo que confiar en que mi cuerpo sabe lo que hace.
¿Y qué te llevas para el año que viene?
Más confianza, espero.
Esta temporada ha sido una buena confirmación de que, incluso cuando no siento que haya entrenado especialmente bien, mi nivel de base sigue siendo bastante alto.
Así que me siento motivada para ver qué pasa si puedo construir a partir de ahí.

“Sigo teniendo mucha experiencia a mis espaldas. Creo que tengo que confiar en que mi cuerpo sabe lo que hace.“
Emelie Forsberg
¿Te da más miedo fallarte a ti misma o fallar a los demás?
A mí misma.
Ahora que soy mayor, la verdad es que me da bastante igual lo que piense la gente. Por lo general, tampoco les importo tanto. Y si tienen una opinión, allá cada cual.
Les Templiers es un buen ejemplo. La gente puede verme allí y pensar que debería estar entre las tres primeras. Quizá quede quinta, sexta o décima y piensen: «Vaya, igual ya no está tan fuerte. Puede que haya tenido una mala carrera».
Y yo podría sentirme completamente satisfecha.
Creo que esa es una de las razones por las que me hace tanta ilusión competir ahora. Ya no siento esa presión del resto.
Te has dado tres veranos más. ¿Qué quieres hacer durante este tiempo?
Tengo una lista de cosas pendientes.
Hardrock me ronda la cabeza desde que empecé a competir. Para poder participar necesito una carrera clasificatoria. Y también me gustaría hacer UTMB una vez, simplemente para vivir la experiencia de completar todo el recorrido.
Esas dos son probablemente las dos grandes carreras que todavía quiero hacer.
Y luego quiero seguir corriendo maratones y ultras de unos 80 kilómetros por el camino.
¿Qué significa el éxito para ti en esta etapa de tu vida?
Para mí se trata mucho de disponer de tiempo.
Ahora que tenemos hijos, me parece muy importante, y hermoso, poder pasar tiempo con ellos. Siempre me imaginé pasando mucho tiempo con mis hijos. No quiero dejarlas a las siete de la mañana y recogerlas a las seis de la tarde.
Kilian y yo queremos tener un buen día a día con nuestras hijas. Queremos tener tiempo, paciencia y energía para disfrutar de la vida en familia.
Siempre he sabido que quería una vida más tranquila. No creo que la forma en que funciona la sociedad hoy en día sea necesariamente saludable para las familias o las relaciones. Vivir cerca de la naturaleza siempre ha sido importante para mí también. Tener tiempo, tener buena relación con la gente que me rodea, darles buenos valores a mis hijas, hacer algo que tenga sentido.
Y las cosas que tienen sentido pueden ser muy diversas. El simple hecho de estar presente en la vida de mis hijos ya tiene mucho sentido para mí.
Así que el éxito no es solo lo que ocurre en una carrera. Todo el conjunto tiene que funcionar. El camino hasta allí tiene que valer la pena.
¿Eliges ese tipo de éxito antes que ser la mejor deportista que podrías llegar a ser?
Creo que, en cierto modo, ya lo hacemos.
Vivimos en un lugar pequeño cerca de la naturaleza. No tenemos un acceso fácil a médicos deportivos, fisioterapeutas ni a todos esos centros de apoyo que podrían ayudarnos como deportistas profesionales.
Así que nuestro estilo de vida ya refleja esa elección hasta cierto punto.
Por supuesto, seguimos queriendo combinarlo con ser deportistas profesionales. Es una pregunta difícil. Pero creo que nuestra forma de vivir ya dice mucho de nuestras prioridades.
Mi nueva normalidad es… Estar más presente.
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